Venezuela se olvida de Chávez y abre petróleo al sector privado
CARACAS. - El petróleo ha sido una pieza clave en
el nuevo escenario que se ha abierto en Venezuela. Apenas unos días despúes de
la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, el chavismo puso en
marcha una reforma acelerada de la ley de hidrocarburos, que ha provocado un
giro de 180 grados en la política de nacionalización impulsada por Hugo Chávez,
base de la revolución bolivariana.
El nuevo marco legal prioriza la
rentabilidad para inversores nacionales y extranjeros, con el objetivo de
atraer capital que permita reflotar la producción petrolera. A continuación,
una serie de preguntas y respuestas que aclaran las cuestiones más importantes
de la nueva legislación.
¿Qué
cambia con la nueva ley?
Los cambios se concentran en tres
aspectos: la apertura amplia al sector privado nacional e internacional en la
exploración, explotación, producción y comercialización del crudo. En segundo
lugar en la reducción de impuestos y regalías (el porcentaje del valor del
petróleo extraído que las empresas deben pagar obligatoriamente al Estado) para
aumentar la rentabilidad de las inversiones privadas. También se refuerza la
seguridad jurídica mediante la incorporación de mecanismos de arbitraje y
mediación internacionales, que permiten resolver controversias fuera de los tribunales
venezolanos.
Las empresas privadas extranjeras ya
participaban en la exploración y explotación petrolera, pero siempre como
socios minoritarios del Estado. La nueva ley amplía de forma inédita su rol al
permitirles intervenir también en la comercialización del crudo y otorgarles el
control total de la gestión y disposición de los ingresos. La normativa
autoriza además que los pagos por la venta de petróleo se depositen en cuentas
fuera de Venezuela, sin pasar por el Banco Central, como ocurría hasta ahora.
Aunque desde 1977 el petróleo pertenece
al Estado venezolano, durante el chavismo se consolidó el modelo de “soberanía
petrolera”, que revirtió la apertura de los años noventa. Hugo Chávez impuso el
esquema de empresas mixtas, con mayoría accionaria y control operativo estatal,
lo que llevó a la expropiación de activos de Exxon Mobil tras negarse a aceptar
esas condiciones.
La reforma actual impulsa un esquema en
el que el socio privado negocia directamente con el Ejecutivo, sin el control
parlamentario que exigía la legislación anterior, y flexibiliza el régimen
fiscal para garantizar mayor rentabilidad al capital extranjero. Impuestos y
cargas pueden ser exonerados o reducidos discrecionalmente, lo que implica una
disminución significativa de los ingresos que recibirá Venezuela por la
explotación petrolera a cargo de terceros.
La reforma abre un proceso de
desnacionalización y privatización de la industria petrolera. PDVSA deja de ser
una empresa operadora para asumir un rol principalmente fiscalizador, mientras
la actividad productiva pasa a manos privadas. “De lo que se trata es de
preparar el terreno y motivar a los capitales internacionales a invertir en la
industria”, explica el economista petrolero Rafael Quiroz, quien compara este
proceso con anteriores aperturas petroleras vividas en el país.
Ante la imposibilidad de aumentar la
producción por falta de capacidad técnica y financiera, el chavismo ha dado
finalmente un giro aperturista. Los yacimientos, no obstante, continúan siendo
propiedad de la República.
La licencia general 46 fue emitida por
el Departamento del Tesoro de Estados Unidos minutos después de que la Asamblea
Nacional aprobara la reforma de la ley de hidrocarburos, y ambas medidas están
directamente conectadas. Mientras el Gobierno venezolano abre la industria al
sector privado, Washington habilita a las empresas estadounidenses a participar
en actividades antes prohibidas, como la exportación, venta, transporte,
comercialización y refinación de petróleo venezolano, pese a que el régimen
general de sanciones sigue vigente.
La licencia permite operar directamente
con PDVSA y con el Gobierno venezolano, siempre que los contratos se rijan por
jurisdicción estadounidense y que los pagos a entidades sancionadas se
canalicen a través de cuentas designadas por el Tesoro. Solo pueden acogerse
empresas constituidas antes del 29 de enero de 2025; se prohíben pagos en oro o
criptomonedas y se autorizan intercambios de crudo por diluyentes.
El texto establece además un estricto
control desde Washington sobre los flujos financieros y prohíbe operaciones con
Irán, Cuba, Rusia y Corea del Norte. La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha
solicitado al Tribunal Supremo de Justicia revisar la licencia para preservar
la jurisdicción venezolana y no limitar las relaciones comerciales con otros
países.
Por: la Redacción.
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