TESTIGO DEL TIEMPO: Abstención revela crisis de representación política

Es innegable que la
mayoría de los dominicanos no se siente representada por ninguno de los más de
30 partidos reconocidos por la Junta Central Electoral (JCE).
En las elecciones
municipales del domingo último, votaron menos dominicanos que en las del 2020,
con todo y la pandemia. Hace cuatro años había 7.4 millones de inscritos,
votaron 3.6 millones, para un 49%, con una abstención de un 61%.
Actualmente hay 8.1
millones de inscritos, votaron 3.7 millones para un 46%, con un 54% de
abstención, pero en los 11 municipios más poblados, la abstención alcanzó 63%.
El Distrito Nacional,
Santo Domingo Este, Oeste, Norte, Santiago, La Vega, San Pedro de Macoris, San
Francisco de Macorís, Los Alcarrizos e Higuey, suman 3.7 millones de votantes.
De esa cantidad, solo votaron 1.3 millones, para una abstención de un 63%.
En el Distrito Nacional,
donde hay más votantes registrados, 918,021, solo votaron 336,186. Carolina
Mejía se reeligió con 201,820 votos, 581,835 capitaleños decidieron ignorar las
elecciones.
En Santiago, donde hay
502,683 votantes registrados, solo votaron 160,613, para un 68%, entonces
342,070 no votaron. ¿A quién representan los alcaldes electos?
Prostitución política
La relación entre
candidatos y electores es estrictamente transaccional, el candidato “compra” el
voto, el votante recibe su dinero y punto, “ni me debes ni te debo, si te he
visto no me acuerdo”.
El candidato aporta la
indignante pica pollo, los 500 pesos y el pote de ron. Cada vez menos
dominicanos están interesados en esa humillante oferta. Quien no está
interesado en la pica pollo no vota, porque la responsabilidad del candidato
termina cuando compra la pica pollo.
La apatía de los votantes
se explica en el hecho de que los candidatos no establecen ningún compromiso
con ellos. Es como una elección de plantación, donde los peones eligen
libremente al mayoral.
Una vez electo, el nuevo
mayoral olvida a los electores y se postra a los pies de los dueños de la
finca, personajes que los votantes no conocen.
“Es tiempo de abandonar
políticos egoístas y completar nuestra tarea a tiempo para asegurar un mejor
futuro. Para nuestro futuro y el progreso de esta nación”,
dijo Máximo Padilla, el presidente del Comité del Dominicano en el Exterior.
Las consecuencias de esa
relación ausente entre electores y elegidos es un deterioro total del sistema
partidario.
La oposición
en desbandada
La oposición no logró
articular ninguna propuesta, no presentó ninguna visión que estimulara a los
ciudadanos a salir de su casa y hacer una fila para votar. El gobierno, desde
luego, como el principal empleador y administrador del presupuesto nacional, ganó
en 120 de las 156 alcaldías municipales que se decidieron en las elecciones.
En solo cuatro años, en
la oposición, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se desinfló, de 65
alcaldías que ganó en el 2020, bajó a 16. El gobernante Partido Revolucioario
Moderno (PRM), en cambio, creció de 81 a 120 alcaldías.
Las elecciones también
representan una especie de “crónica de una derrota anunciada” para el
candidato presidencial del PLD, Abel Martínez, actual alcalde de Santiago de
los Caballeros. Martínez invirtió mucho tiempo y se puede decir que todo su
capital politico en la candidatura a la alcaldía de Víctor Fadul, que sufrió
una ruinosa derrota.
Fadul obtuvo 59,600 votos
y el candidato oficialista, Ulises Rodríguez 97,000, pero el gran derrotado fue
Martínez, porque quien pierde en su pueblo, nunca ganará en la nación.
Esa candidatura
presidencial naufragó en el puerto, antes de zarpar; las elecciones municipals
se presentan como la mejor encuesta, el mejor termómetro para medir las
elecciones presidenciales y legislativas de mayo.
El futuro
En la oposición, el PLD
era un pequeño partido con una gran estrategia, llegó al gobierno, comenzó a
emplear gente y se convirtió en un gran partido.
En el 2020 el PRM, con
solo seis años de fundado, capitalizó la división y el desgaste peledeísta;
llegó al poder y, administrando el presupuesto nacional, ahora se consolida
como la principal fuerza política nacional.
El PLD dejó de
administrar el presupuesto nacional en el 2020 y en tan solo cuatro años
alcanzó el mismo tamaño que tenía antes de llegar al poder.
El PRM celebra el fracaso
de la clase política completa, que no logra entusiasmar a los votantes a
participar en el proceso electoral.
Y la oposición acusa al
gobierno de hacer exactamente lo que ellos hacían cuando eran gobierno: usar
los recursos del Estado.
La cultura política
clientelista, impuesta desde el poder, parece que garantizará el triunfo del
PRM en las elecciones de mayo próximo. Y así será hasta que se desgaste y
divida, como ocurrió con el PLD.
Faltan tres meses para
las elecciones de mayo que, en política, son como tres vidas eternas, muchas
cosas pueden pasar que escapan al control del gobierno.
El triunfalismo, dice una
amiga muy querida, es el principal pecado que puede cometer un politico
medianamente sensato.
El triunfo de José
Francisco Peña Gómez estaba absolutamente seguro en 1996, pero Joaquín Balaguer
pactó con el PLD y un desconocido, Leonel Fernández, ganó las elecciones.
Factores internos y externos pueden hacer crisis, el PLD se puede unir bajo Fernández y dar otra sorpresa, eso es esencialmente la política, una caja de sorpresas.
Por: J.C Malone.
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