186º aniversario de los “filorios”

El 16 de julio de 1838 un
grupo de jóvenes formaron la sociedad secreta y patriótica La Trinitaria en la
casa de Josefa Pérez de la Paz (doña Chepita). Se comprometieron desde ese
momento a salir del yugo haitiano a través del juramento que firmaron con su
sangre y dibujando una cruz, simbolizando el inicio de la nación dominicana.
El encubrimiento de su
accionar secreto consistía en que cada uno debía reclutar a dos más, los cuales
sólo reconocían al contacto primario, y en caso de ser descubiertos, solo
corrían peligro dos. Idearon un alfabeto y una clave de toques para comunicarse.
Es importante precisar
las edades de los Trinitarios: Juan Pablo Duarte tenía 25 años; Juan Isidro
Pérez 29 años; José María Serra 19 años; Benito González 27 años; Félix María
Ruiz 23 años; Jacinto de la Concha 19 años; Juan Nepomuceno Ravelo 25 años y Felipe
Alfau 20 años. Todos pensando solo en la naciente nación y no en el dinero y el
poder.
Filomena Gómez de Cova,
en cuya memoria hay una calle en la ciudad de Santo Domingo, participó en las
luchas independentistas y trajo de Venezuela unas plántulas de jazmín de
malabar, especies que producen una hermosa flor blanca de cuya esencia emana una
exquisita y delicada fragancia.
Los miembros de La
Trinitaria usaban dicha flor como elemento distintivo que les permitía
identificarse entre sí, tanto en las reuniones como en las multitudes. Los
caballeros la portaban en la solapa de sus trajes y las damas engarzadas en el
pelo.
El jazmín de malabar se
reconocía con el sobrenombre de “filoria”, por lo que los mismos decidieron
llamarse “filorios” entre ellos.
La importante efemérides
de la primera organización política, patriótica y armada, formada para
liberarnos de la ocupación haitiana, debería motivar a un proceso de mejora
continua en todas las áreas del Estado.
La educación es vital
para generar amor a la patria y mejores ciudadanos. En este sentido, el
Gobierno podría convocar a los más notables educadores de la actualidad para
que aporten ideas y propuestas con base en sus experiencias.
Existen partidas
presupuestarias que tal vez puedan ser recortadas o eliminadas —ciertas
asignaciones que pudieran ser innecesarias en renglones de asesorías o
publicidad, entre otros— para enfatizar en la inversión educativa y productiva.
Para ello se podría
recurrir al asesoramiento por parte de un grupo de expertos que conformen
tanques de pensamiento o “think tanks” privados, o incluso creados con los
funcionarios gubernamentales más lúcidos, generando el tan anhelado valor
agregado dominicano.
El servicio de la deuda
pública es un compromiso contraído por el Gobierno con quienes han confiado en
financiar parte del presupuesto nacional.
Si bien los créditos
sirven para generar, si se aplican correctamente, un efecto de palanca, se
requiere de un análisis del tema bajo el paraguas de la producción y de la
austeridad, a fin de disminuir las necesidades de financiación, las que llevan
asociados intereses y comisiones que repercutirán en los contribuyentes.
La calificación laboral y
el cumplimiento de los objetivos asignados a cada individuo —sin la cosmética
del mercadeo, sino de resultados tangibles—, deben estar bajo el escrutinio de
las evaluaciones de desempeño, tanto en la esfera privada como en el ámbito
público.
Una vez aplicados métodos
de evaluación y estándares apropiados, todo el país podrá mejorar en ese
sentido.
Según el Centro Regional
de Estrategias Económicas y Sostenibles (CREES), en 2008 había 324.896
empleados públicos. El año pasado había 730.928 (un aumento del 125%). La
capacitación profesional continua de los funcionarios, el uso de tecnología
—incluso inteligencia artificial (IA)— y la digitalización de muchos procesos
deberían revertir esa tendencia, buscando alternativas para esa masa
desempleada.
La velocidad del avance
de la IA nos obliga a esforzarnos para ser mejores en todo sentido. Si una
máquina es más eficiente que diez trabajadores, el empresario probablemente
tecnificará su organización.
Los funcionarios públicos
también deberían estar a tono con los cambios de nuestros días. Si se
seleccionan a los más capaces e íntegros, tendremos mejores servicios de salud
y electricidad, mejor seguridad pública, mejor planificación en gestión de riesgos
climáticos y mejores y más seguras autopistas (entre otras cosas).
Se abre una posibilidad
única para el presidente Luis Abinader al inicio de su segundo período. Ya con
su experiencia—planificando correctamente el gasto público—, puede optimizar el
uso de los recursos del erario y obtener los beneficios que se derramen sobre
toda la sociedad.
¿Qué mejor manera
de honrar el 186° aniversario de los “filorios”, que encendieron las luces de
la libertad? Ellos fueron encabezados por Juan Pablo
Duarte y otros próceres nacionales, y nuestro presidente, pensando en el país y
el juicio de la historia, está en condiciones de enaltecer esas glorias,
siguiendo el rumbo verdadero del desarrollo sostenido con justicia,
institucionalidad y decencia.
Por: Homero Luis Lajara Solá.

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