HOMILÍA TRANSFORMADORA
El Reverendo Padre
Antonio Méndez párroco de la Parroquia Inmaculada concepción del sector
Italia en Santo Domingo Este República Dominicana, es uno de esos tantos
sacerdotes de la Iglesia Católica Apostólica y Romana que hacen sonreír a Dios
a través de su ministerio sacerdotal, nunca dice que no a sus fieles, siempre
asido a la oración y al Santo Rosario, es un gran luchador espiritual que
constantemente se mueve de un punto a otro en la geografía de la República
Dominicana y allende los mares orando por las personas y a favor de toda la
humanidad, con lo que ha logrado que sus fieles reciban grandes indulgencias de
parte Dios.
Y
aunque conozco de otros sacerdotes con gran vocación, entrega y santidad; me
motivo a decir esto porque un domingo cualquiera en su homilía el reverendo
padre Antonio habló sobre la importancia y la necesidad de perdonar a quien uno
haya ofendido, invitó a los presentes a no preocuparse por nada, no importa por
la realidad que se esté pasando, más bien hay que ocuparse y conocer nuestras
propias limitaciones para evitar frustraciones con aquellas cosas que uno no
tiene la capacidad de cambiar; fue claro y directo al afirman que todo lo que
él hace es apegado a la pureza de sentimiento y que bien, porque la pureza de
sentimiento es precisamente pura, sin contaminación, ni suciedad espiritual o
material.
Ojalá
todos podamos actuar apegados a la pureza de sentimiento, Antonio Méndez
igualmente explicó de manera clara todo sobre la brevedad de la vida en este
plano terrenal y en tal sentido exhortó a vivir con la mayor alegría posible y
lejos de todo apego, de situaciones angustiosas y de inquietudes, ya que al
final todos tenemos una cita a la cual irremisiblemente habremos de acudir, así
que en ese sentido se hace necesario mantener la armonía y la paz en la vida de
uno, de los demás y en todo el entorno que nos movemos; aunque decía que muchos
están ciegos como Bartimeo y no pueden ver nada de la realidad de la vida
y por eso andan equivocados, dañándose y dañando a otros con su comportamiento
y actitud desviada del verdadero amor.
Comentó
también el reverendo Antonio Méndez que otros creen que pueden ver solo porque
tienen los ojos abiertos y no es así, porque más allá de lo físico, lo
meramente humano y material existe otra realidad incluso más importante que la
que podemos palpar de forma tangible y es exactamente a la que hay que aspirar;
por lo que yo me pregunto, acaso porque usted tenga posiciones, poder, rango o
estatura terrenal de cualquier naturaleza, ya eso le hace ser superior a todos
los demás, qué triste creerse eso, igual que tener posesiones, fincas,
vehículos del año y de alta gama, dinero en banco y muchas etcéteras más, ya
eso le hace ver al peatón como inferior a usted, que penoso creérselo, ya
llegará el día que comprenderá y verá que todo es muy distinto a su
creencia.
El
reconocido pastor católico desde su homilía por igual hizo un ferviente y
amoroso llamado al perdón, a saldar las deudas en ese sentido, a buscar y
recibir la catarsis que ofrece el perdonar y perdonarse, en tanto mientras yo
escuchaba, pensaba en personas que conozco que viven amargadas diciendo, yo a
tal o cual jamás lo perdonaré no sabiendo que quien se hunde es aquel que
precisamente no ofrece su perdón a quienes ha ofendido o de quien se ha
recibido alguna ofensa, también observo a otros que viven llenos de orgullo y
de gran vanidad como si fueran eternos e inmutables y que siempre vivirán así,
que error creerlo.
Ya
que inevitablemente en algún momento tendremos que dejar esta vida terrenal,
así que procuremos que al llegar ese momento de la partida podamos entrar por
la llamada puerta estrecha pero para eso habremos de haber vivido lleno de amor
a uno mismo y a los demás y asido a la pureza de sentimiento y a la sinceridad
en el cumplimiento de los preceptos que responden al deseo del creador y dueño
del universo; sí, porque muchos quieren vivir dejando a un lado a Dios y
después al final de la jornada se preguntan mil cosas y no encuentran la
respuesta, pero si hacen un análisis honesto de lo que fue su vida terrenal,
ahí podrían encontrar la respuesta, por eso usted solo trate de vivir
únicamente para el bien y por el bien.
Atrévase
pues, a dejar a un lado las bajezas y cambiar todo por los mejores
sentimientos, como dice Pablo de Tarso en el Nuevo Testamento, que a propósito
es una tarea de lectura que le recomiendo en la Biblia en la carta a los
Gálatas 5/20-24; pero por favor veamos todo esto lejos de nuestras pasiones,
deseos y sentimientos humanos, para que lo que ha querido decirnos San
Pablo no se contamine con nuestra particular convicción.
También
habló el reverendo Antonio Méndez sobre las debilidades humanas, cuántas
flaquezas y zonas oscuras dañan nuestra vida, tanto en el plano material como
espiritual y en ese aspecto aconsejaba muy amorosamente que vivamos este corto
tiempo en la tierra tratando de que nadie ni nada dañe nuestros corazones,
siendo reiterativo en que hay que saldar deudas y perdonar siempre.
Mientras
yo al escuchar atentamente a Antonio Méndez como lo hago cada domingo junto a
mi esposo y e hijos, pude recordar aquel famoso libro que leí titulado “la
insoportable levedad del ser” del también famosísimo escritor Checo Milán
Kundera, en donde el autor deja ver claramente cómo las personas se envuelven
tan fácil en levedades y trivialidades, que lo alejan del verdadero sentido de
la vida, de la verdadera razón del individuo mismo en el actual plano
terráqueo; cómo ese ser no es capaz de renunciar a esa triste realidad de
vivir y convivir con la más abyecta, vil e infame levedad humana.
Pero,
por qué esto, si todos tenemos la oportunidad de ser mejores personas, de ser
definitivamente buenos seres humanos, porque todo está ahí en nuestro entorno y
realidad particular, entonces escojamos el camino real y vivamos sin ataduras,
avanzando en nuestro transitar humanamente hablando hacia la libertad total y
real, como nos aconsejó en la homilía de aquel domingo y como siempre lo hace
con su feligresía ese sacerdote católico Antonio Méndez, que definitivamente es
un pastor con olor a ovejas, que se está ganando el cielo en la tierra y con su
misión y ejemplo está empujando a otros a que vivan en verdadera santidad.
Por: Cesar Darmasi.


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