Cuba a oscuras: apagones, escasez y la rutina de resistir
LA HABANA. - La crisis energética se agudiza en La Habana: los apagones y las filas para recargar combustible superan las 10 horas, en un contexto marcado por el anuncio de Estados Unidos de imponer aranceles a los países que comercien petróleo con Cuba. Ante un posible agravamiento, la respuesta de los cubanos, lejos del caos, se mantiene dentro de una normalidad ya histórica: adaptación, humor y solidaridad. Entrega desde La Habana.
Las peluquerías representan un microcosmos social donde no para
el movimiento: entran y salen todo tipo de personas.
Con la misma frecuencia, la luz llega y se va en el local de
Luis en el municipio de Playa, el mayor de La Habana.
“Antiguamente, cuando había un apagón, yo cerraba y me iba para
casa. Ahora ya no me enfado, tengo una máquina automática recargable”, cuenta Luis mientras rasura a un cliente, agudizando la vista,
entre el claroscuro que se forma por la luz natural que se irradia desde las
ventanas.
En el mes de enero los apagones han aumentado su frecuencia,
llegando a superar las 10 horas en la capital, extremo poco habitual. Pero los
cubanos, como Luis, parecen tener sincronizada la capacidad de adaptación a la
caída de las condiciones de vida.
Donald Trump firmó el 29 de enero una orden ejecutiva para
aplicar aranceles a todos aquellos países que comercien petróleo con Cuba, pero
en la calle la normalidad continúa: los parques están llenos de niños
practicando deportes; los coches prerrevolucionarios transportan pasajeros; y
las parejas se sientan en el Malecón para encontrar un momento de intimidad.
Dentro de ese paisaje cubano cotidiano, la posibilidad de un
agravamiento humanitario siempre está en el horizonte.
Es ya una forma de vida: una costumbre de décadas para una isla
en constante tensión con el país vecino, el cual le aplica un embargo económico
desde hace más de 60 años, además de múltiples sanciones.
RESOLVER
ANTE LA ESCASEZ
En medio de esa capacidad de adaptarse y superar las crisis, las
conversaciones giran en torno a la situación material, con gran espacio para el
intercambio de consejos.
En el mismo municipio de Playa, en una tienda privada -conocidas
en la isla como Mipymes y legalizadas desde 2021- las dependientas conversan
sobre la necesidad de comprar carbón para cocinar cuando hay apagón y las
cocinas eléctricas quedan inservibles.
Mientras hablan se asoman a la puerta: un grupo de niños acaba
de entrar en la finca contigua, deshabitada y llena de maleza y árboles. Están
buscando leña, acompañados por la profesora, en una muestra de que el empirismo
resolutivo comienza desde la infancia.
Más allá de escenas puntuales, la mayor alteración de los
últimos días se vive en las gasolineras de La Habana. En el céntrico barrio de
el Vedado, en el Cupet de Zapata, hay una extensa fila de coches que ocupan el
lateral de varias manzanas, rodean al icónico cementerio de Colón.
“Estamos mal, muy mal. Cada vez peor. No sé ni cómo estoy
resolviendo”, dice
Jorge, un cuentapropista que tuvo que hacer 12 horas de fila para poder cargar
de diésel su coche. “Es mejor venir por
la noche, porque sino pierde uno el día”, sentencia.
Este es el panorama en las gasolineras que funcionan con
divisas, a 1,29 $ el litro; en las subvencionadas por el Estado prácticamente
no está entrando el combustible y los conos se postran frente a los surtidores.
Fran, un mensajero que conduce un triciclo híbrido
eléctrico-diésel, confirma las dificultades:
“En divisa está complicado y en la calle están cobrando a más de 2 dólares el
galón”.
“La calle” es la forma creativa que tiene el rico léxico cubano para
definir el mercado paralelo.
YA
NO LLEGA EL CRUDO VENEZOLANO
Cuba produce 40.000 barriles de petróleo de los 110.000 que
necesita. Estos, en mayor medida van destinados a las termoeléctricas,
utilizadas principalmente para la generación eléctrica.
El transporte, así como el suministro de agua o la producción
necesitan de la importación de diésel.
Con el derrocamiento de Nicolás Maduro como presidente de
Venezuela el 3 de enero, Cuba no ha vuelto a recibir un cargamento de quien
fuera su principal socio energético los últimos 25 años.
México, con la amenaza de aranceles estadounidense, también ha
terminado por desistir en sus exportaciones, igual que otros socios que
enviaban en menor medida.
Por lo que, en este contexto, los apagones y la escasez de
combustible se han recrudecido, para un país que, además, ha visto disminuido
el turismo a menos de dos millones de visitantes en 2025, ejemplificando la
caída de obtención de divisas.
Pero en Cuba, la vida sigue. Son eventos que en países
desarrollados generarían un mayor estado de alarma y caos: buena muestra fue el
apagón de España del 28 de abril de 2025.
La gente pasa el tiempo en la acera de una calle, mientras
aumentan las tensiones entre Estados Unidos y Cuba después de que el presidente
estadounidense Donald Trump prometiera impedir que el petróleo y el dinero
venezolanos lleguen a Cuba y sugiriera que la isla comunista llegue a un
acuerdo con Washington, en La Habana, Cuba, el 11 de enero de 2026.
La gente pasa el tiempo en la acera de una calle, mientras
aumentan las tensiones entre Estados Unidos y Cuba después de que el presidente
estadounidense Donald Trump prometiera impedir que el petróleo y el dinero
venezolanos lleguen a Cuba y sugiriera que la isla comunista llegue a un
acuerdo con Washington, en La Habana, Cuba, el 11 de enero de 2026. © Norlys
Perez, Reuters
Los cubanos se tomaron con risa las reacciones desesperadas que
llegaban desde allí: el humor emerge como un salvavidas de supervivencia en
medio de la crisis.
También la solidaridad, con redes vecinales de ayuda mutua, que
permiten vivir lo excepcional como normal.
En el periférico barrio de Santa Fe, unas señoras caminan
pausadas con su bolsa de tela, van hacia el agro, una de las tiendas destinadas
al comercio de verduras y frutas.
Conversan en voz alta sobre la situación: “Nos vamos a tener que acostumbrar a cocinar sin luz, porque lo que viene…”,
dice la más alta, antes de ser respondida por la vecina que lleva cogida
del brazo: “Hay que cocinar por las
noches”, resuelve, sin desesperación, solo con el realismo de una población
acostumbrada a vivir entre tensiones geopolíticas, sanciones y escasez material.
Cuba dispuesta al diálogo con EU, pero sin condicionamientos
No hay comentarios