NY: El dominó, más que un juego, una costumbre que entretiene
NUEVA YORK. - Cada tarde de primavera y verano, en las
veredas del Bronx, en Nueva York, decenas de migrantes cubanos y dominicanos
sacan mesas plegables, fichas de plástico y sillas de jardín para reproducir
una costumbre que trajeron desde el Caribe a EE.UU.
Desde la década de 1950, los latinos
adoptaron la tradición de sacar mesas y sillas a la calle para jugar al dominó
frente a los negocios, como una forma de volver a conectar con las raíces de su
país de origen y mantener viva su cultura.
Lo que parece un pasatiempo informal
esconde, sin embargo, décadas de estrategia acumulada y jugadas específicas que
los veteranos transmiten de generación en generación.
Los cubanos suelen jugar con un set de
55 fichas en lugar del estándar de 28, ya que la versión de la isla va hasta el
doble nueve, lo que amplía considerablemente el rango de cálculo matemático y
la complejidad estratégica.
En esa variante, cada jugador levanta 10
fichas y el objetivo central, más allá de ganar, es hacer pasar al rival:
forzarlo a golpear la mesa porque no puede jugar.
Los dominicanos, en cambio, suelen jugar
con el set estándar de 28 fichas. En Santo Domingo, el dominó es una
institución cuyo lugar en la sociedad dominicana no se cuestiona, y esa misma
lógica se reproduce entre la diáspora en Nueva York.
En los colmados del Bronx, jugadores de
distintas clases sociales se sientan juntos, analizan el estado del juego con
cálculo matemático y tratan de bloquear el camino del rival.
La primera decisión crítica en cualquier
partida es la salida, la ficha que abre el juego.
En el dominó cubano, el jugador con la
mano más fuerte debe abrir, y los compañeros se comunican mediante un código de
señales indirectas para determinar quién tiene el mejor conjunto de fichas sin
revelar su contenido explícitamente.
Una vez abierta la partida, la táctica
elemental se llama la descarga: deshacerse primero de las fichas de mayor valor
para reducir el puntaje propio en caso de que el juego se trabe.
Sin embargo, los jugadores
experimentados advierten que esa estrategia puede ser identificada y
contrarrestada fácilmente por rivales de nivel intermedio.
Una táctica más sólida consiste en
analizar las fichas propias para detectar qué número se repite más veces en la
mano: si un jugador tiene cuatro fichas con el mismo valor, sus rivales tendrán
menos de ese número, lo que permite limitar sus movimientos y obligarlos a
pasar.
Los jugadores más avanzados cuentan las
fichas que ya aparecieron sobre la mesa: si un número tuvo diez combinaciones
posibles y el jugador tiene las cuatro restantes en su mano, ese número es una
llave cerrada para los demás. Mantener ese número abierto en un extremo del
tablero el mayor tiempo posible es una de las jugadas más efectivas del
repertorio.
El dominó cubano, en particular, es
descrito por quienes lo practican como una batalla psicológica cuyo objetivo es
invadir y desestabilizar la mente del rival.
Hablar durante el juego, comentar las
jugadas ajenas, simular certeza sobre el estado de las manos contrarias y
provocar al que va perdiendo son parte integral del juego.
Marcos Basabe, un vecino del Bronx de la
calle 142 Este, recordó en declaraciones al diario The New York Times que los
jugadores mayores de Puerto Rico eran extremadamente estrictos: no se podía
hablar ni quitar las manos de la mesa. “Aquí, si no pudieran hablar, morirían”,
afirmó sobre el contraste con el estilo cubano.
Esa tensión entre disciplina táctica y
sociabilidad ruidosa define la cultura del dominó caribeño en El Bronx.
En la tradición dominicana, las
discusiones pueden escalar, pero una vez que comienza la siguiente ronda, todo
queda perdonado y el grupo se recompone.
La temporada de juego callejero en el
Bronx se extiende desde la primavera hasta finales del verano.
Con el calor, los torneos barriales en
Nueva York también se activan, y los jugadores que llevan décadas en las mesas
del barrio siguen siendo los árbitros informales de quién sabe y quién no.
Por: la Redacción.
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