R. Dom. es el segundo país de AL con más presos preventivos
SANTO
DOMINGO, RD. - República Dominicana ocupa el segundo lugar con el
mayor porcentaje de personas en prisión preventiva y la tasa de ocupación
penitenciaria más alta de América Latina y el Caribe, solo por debajo de Haití,
cuyo sistema penitenciario se deteriora por el control de pandillas y el
hacinamiento extremo. aún no ha sido condenada, según datos de la Dirección de
Servicios Penitenciarios y Correccionales (DGSPC) que son reseñados este
domingo por el periódico Listín Diario.
El informe
Democracias Bajo Presión, sobre democracia y desarrollo del Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, señala que más del 60% de los presos
en el país son preventivos. El dato refleja una debilidad estructural del
sistema de justicia penal en su capacidad de investigación y procesamiento.
Según la DGSPC, en
República Dominicana hay aproximadamente 25,000 personas privadas de libertad,
de las cuales cerca de 16,000 se encuentran en prisión preventiva.
El informe del
PNUD advierte que la elevada proporción de personas privadas de libertad sin
sentencia firme en América Latina y el Caribe evidencia esa misma debilidad
estructural. Cuando las investigaciones criminales son lentas o de baja calidad
y los tribunales enfrentan sobrecarga de casos, la prisión preventiva termina
usándose como sustituto de investigaciones eficaces y procesos judiciales
oportunos.
La dinámica se
refuerza, agrega el documento, por la presión política y social de “mostrar resultados” en materia de
seguridad. Esa presión incentiva respuestas punitivas inmediatas, incluso
cuando los procesos judiciales no están plenamente desarrollados.
“El resultado es una acumulación de personas detenidas
sin condena que traslada las fallas del debido proceso al sistema penitenciario.
Esto contribuye al hacinamiento y debilita la capacidad del Estado para
mantener un control efectivo sobre las cárceles”, señala Democracias Bajo Presión.
El PNUD explica
que desde inicios del siglo XXI la región ha registrado uno de los aumentos más
rápidos de población penitenciaria a nivel mundial. El número de personas
privadas de libertad pasó de unos 700,000 a comienzos de los años 2000 a cerca
de 1.8 millones en 2024. Es un incremento cercano al 150%.
“Este crecimiento contrasta con la relativa estabilidad
o el aumento moderado observado en otras regiones y refleja, entre otros
factores, la expansión de políticas penales más punitivas y el uso extensivo de
la prisión preventiva”,
apunta el informe.
Asimismo,
establece que la población privada de libertad en América Latina y el Caribe
presenta un marcado sesgo socioeconómico. Los estudios revelan que las personas
bajo prisión tienen un nivel educativo inferior al promedio de la población
general.
“Esta desigualdad se acentúa en la fase de la prisión
preventiva, donde el acceso limitado a una defensa legal y las dificultades
para acreditar condiciones de arraigo —como domicilio estable, empleo formal o
fianzas— incrementan la probabilidad de permanecer detenido durante el proceso
judicial”, destaca el
estudio.
Ante ese panorama,
el PNUD advierte que cuando las cárceles presentan sobrepoblación crónica,
déficits de control interno o se convierten en centros de coordinación de
actividades ilícitas, la capacidad del Estado para ejecutar sanciones queda comprometida.
Otras
causas del problema
El reporte también
señala que los cuerpos policiales en América Latina y el Caribe enfrentan
fragmentación institucional, bajos niveles de profesionalización, limitaciones
en capacidades investigativas y vulnerabilidad a la cooptación local.
Por eso, cuando la
probabilidad de sanción es reducida —lo que se refleja en bajas tasas de
homicidios esclarecidos— el poder intimidatorio de los actores criminales se
amplifica y la autoridad estatal pierde credibilidad.
La medida de
coerción efectiva, según el informe, no se mide solo por operativos o
despliegues, sino por la capacidad de investigar, procesar y sancionar de
manera consistente. “En este sentido, la
impunidad constituye un indicador central de debilitamiento coercitivo: sin
consecuencias previsibles frente al delito, el monopolio legítimo de la
violencia se vuelve nominal más que efectivo”.
Por: la Redacción.
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