Consulado RD-NY, una agencia de empleos para militantes
Si usted quiere entender por qué el dominicano en el
exterior se siente ciudadano de segunda, no tiene que ir muy lejos. Vaya al
Consulado Dominicano en Nueva York. Ahí está, resumida, toda la historia del
desprecio.
Esa sede, que debería ser la casa grande de más de un millón
de dominicanos en el área triestatal, se ha convertido en lo que todos sabemos
pero pocos se atreven a decir en voz alta: una agencia de empleos para
militantes del partido de turno.
No importa el gobierno. No importa el color. Azul,
blanco, rojo o morado. La lógica es la misma. Ganamos las elecciones y ahora
toca repartir Nueva York.
EL BOTÍN DE GUERRA
Cada cuatro años, Nueva York se reparte como un botín
de guerra. El cónsul para un sector, el vicecónsul para otro, la encargada de
tal departamento para la esposa de fulano, el de prensa para el que manejó las
redes, el de cultura para el que animó la caravana. Y así, hasta llenar una
nómina abultada, costosa e improductiva.
¿Mérito? Ninguno. ¿Experiencia
consular? Cero. ¿Habla inglés? No hace falta. ¿Conoce la comunidad? Solo en campaña. Lo único que se
exige es una cosa: lealtad partidaria probada. Haber cargado la bandera, haber
buscado votos en El Bronx, haber atacado al contrario en los programas de radio
de la tarde.
El resultado es un consulado pesado, lento, caro y
politizado. Una estructura donde sobran jefes y faltan servidores. Donde hay
cinco vicecónsules haciendo nada y una sola persona atendiendo pasaportes.
Donde se abren departamentos con nombres rimbombantes – de la juventud, de la
mujer, de emprendimiento – que no emprenden nada, que no protegen a nadie, que
solo sirven para justificar un sueldo en dólares.
Y lo más grave: donde el dominicano que va a buscar un
servicio tiene que pasar por el filtro de la humillación partidaria. Si el
cónsul es de mi partido, entro. Si no, me miran mal. Si critiqué al gobierno en
Facebook, me tienen en una lista.
LA NÓMINA QUE NADIE AUDITA
Nadie ha querido auditar a fondo el Consulado de Nueva
York. Porque si se audita, se cae el sistema.
¿Cuántos empleados tiene
realmente? ¿Cuántos están en nómina y cuántos van a trabajar? ¿Cuánto se
recauda por concepto de pasaportes, poderes, actas, traducciones y
legalizaciones? ¿Dónde va ese dinero? ¿Qué criterios se usan para nombrar a un
empleado que gana 2,500, 3,000, 4,000 dólares mensuales por un trabajo que
podría hacer alguien por la mitad y con el doble de capacidad?
El consulado de República Dominicana en Nueva York es
uno de los consulados que más dinero recauda en el mundo en proporción a su
comunidad. Un pasaporte dominicano allá cuesta 180 dólares cuando en Santo
Domingo cuesta menos de 3,000 pesos. Un poder notarial cuesta 150 dólares. Una
transcripción de acta, 100. Todo es más caro, todo es más lento y todo se paga
en efectivo o money order, como en los años ochenta.
Y sin embargo, el servicio es peor que en cualquier
consulado centroamericano o suramericano de la misma ciudad. El mexicano, el
colombiano, el ecuatoriano tienen citas en línea, entrega a domicilio,
consulados móviles, asistencia legal gratuita. Nosotros seguimos con la fila en
la acera, con el formulario mal fotocopiado y con el “vuelva mañana”.
¿Por qué? Porque no hay gerencia. Porque el cónsul no fue
nombrado para gerenciar, fue nombrado para pagar favores. Y cuando tu misión es
pagar favores, no puedes exigir eficiencia. No puedes cancelar al compañero que
no va. No puedes evaluar al que no atiende bien. Porque todos son compañeros.
EL DAÑO A LA IMAGEN DEL PAÍS
Esto no es un tema menor. Es un tema de seguridad
nacional y de imagen.
Cada dominicano maltratado en su consulado es un
dominicano que se aleja del país. Cada joven profesional que ve que el
consulado está lleno de militantes sin preparación es un joven que decide no
volver nunca. Cada empresario que quiere invertir y va a buscar una información
y se encuentra con una agencia de empleos partidaria, se va para otro lado.
Hemos convertido nuestra representación más importante
en el exterior en una extensión del clientelismo que tanto daño le ha hecho al
país adentro. Hemos exportado el peor vicio de la política dominicana: el
Estado como botín.
¿QUÉ HAY QUE HACER?
Primero, profesionalizar. El Consulado de Nueva York
debe ser dirigido por un diplomático de carrera o por un gerente probado de la
diáspora, no por un dirigente partidario. Alguien que viva allí, que conozca la
comunidad, que hable inglés, que haya administrado antes.
Segundo, transparentar. Publicar la nómina completa,
los salarios, las recaudaciones mensuales y en qué se gastan. Que la Cámara de
Cuentas y el Ministerio de Relaciones Exteriores auditen cada año y publiquen
los resultados.
Tercero, despolitizar. Prohibir por ley que el local
del consulado sea usado para actividades partidarias. Prohibir que empleados
consulares hagan campaña. El consulado es de todos los dominicanos, no del PRM,
ni del PLD, ni de la Fuerza del Pueblo.
Cuarto, eficientizar. Reducir la nómina política en un
50%, aumentar el personal técnico, digitalizar todos los servicios, establecer
citas reales, abrir los sábados y domingos que es cuando la gente puede ir, y
crear una unidad de protección legal gratuita para dominicanos en riesgo de
desalojo, deportación o abuso laboral.
Quinto, evaluar. Que el cónsul presente cada seis
meses un informe público de gestión con indicadores: cuántos pasaportes
emitidos, en cuánto tiempo, cuántas asistencias legales, cuántos consulados
móviles realizados.
Nueva York no necesita un cónsul que sea popular en la
base del partido. Necesita un gerente que sea respetado en la comunidad.
Mientras sigamos viendo el consulado como una agencia
de empleos para militantes, seguiremos diciéndole al dominicano de afuera, sin
decírselo de frente, que para nosotros sigue siendo un dominicano de segunda.
Bueno para enviar remesas, bueno para votar cada cuatro años, pero no lo
suficientemente bueno para merecer un servicio digno.
Y esa es la peor de las traiciones.
Por: Jhonny Trinidad.
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