Encarecimiento de la vida EU y Europa disparan deseo de retorno
El sueño de emigrar siempre tuvo dos partes: la
partida y la promesa. La partida es el sacrificio inicial. La promesa es que
afuera se vive mejor, se gana más y se puede enviar algo a casa. Esa ecuación
sostuvo por décadas la migración dominicana hacia Estados Unidos y Europa. Pero
en los últimos tres años la ecuación se rompió.
El encarecimiento de la vida
en Nueva York, Madrid, Boston y otras ciudades donde se concentra la diáspora
dominicana ya no es un titular de periódico. Es el recibo de la luz, la renta
que subió 30%, el “menu del día” que pasó de 12 a 18 euros. Es la matemática
simple que hoy hacen miles de familias: trabajo más horas, gano en dólares o
euros, pero me queda menos que antes.
LA FACTURA LLEGO
A LA DIASPORA
Vivir en EE.UU. y Europa se
volvió más caro, no solo para el migrante. La inflación post-pandemia, el
aumento de rentas, seguros de salud y educación golpearon a todos. Pero al
migrante lo golpea doble.
Primero, porque muchos trabajan en sectores de servicios, construcción o delivery donde los salarios subieron, sí, pero no al ritmo de la renta. En El Bronx o en Usera, un apartamento de 2 habitaciones que costaba 1,400 dólares en 2020 hoy ronda los 2,100. Eso es un sueldo completo de alguien que limpia oficinas.
Segundo, porque el migrante sostiene dos economías.
Paga su renta en dólares y envía remesas en pesos. Cuando el costo de vida sube
afuera, la remesa se contrae. Y cuando el dólar baja frente al peso, como
ocurrió gran parte de 2024 y 2025, el dinero que llega a República Dominicana
rinde menos.
La combinación es veneno para
la promesa migratoria. Trabajar 60 horas semanales para apenas cubrir gastos y
mandar 100 dólares al mes no es el plan que se firmó al cruzar el charco.
EUROPA TAMPOCO
ES EL REFUGIO DE ANTES
España, Italia y Alemania
recibieron oleadas de dominicanos buscando estabilidad. Madrid y Barcelona
ofrecían algo que Nueva York ya no da: proximidad cultural, idioma y un costo
de vida relativamente bajo.
Eso cambió. El alquiler en
Madrid subió 22% entre 2021 y 2025. La luz y el gas se dispararon con la crisis
energética europea. Los empleos precarios, sin contrato, sin seguridad social,
abundan.
Para el dominicano que llegó a
España huyendo de la informalidad en República Dominicana, encontrarse con “falsos autónomos” y pisos compartidos
por 400 euros la habitación es un déjà vu. Solo que ahora el déjà vu se paga en
euros.
EL RETORNO DEJA
DE SER DERROTA PARA SER ESTRATEGIA
Por décadas, “volver a República Dominicana” se leyó
como fracaso. Era el que “no pudo allá”. Hoy
esa narrativa cambia. Volver se lee como recálculo.
En Santo Domingo, Santiago y
Punta Cana hay un ecosistema nuevo: zonas francas tecnológicas, turismo de
salud, emprendimiento digital, negocios que venden a la diáspora desde
República Dominicana. Un programador en Gazcue puede cobrarle a un cliente de
Miami. Una diseñadora en Baní puede vender por Etsy. El internet mató la
geografía del trabajo.
A eso súmale algo que el
dinero no compra: tiempo. Tiempo con los hijos, con los padres envejeciendo,
con la comida de la esquina, con el ruido del colmado a las 7:00 de la noche.
En EE.UU. y Europa el migrante gana dinero pero alquila su vida. En República
Dominicana recupera el control de su tiempo, aunque gane menos en papel.
EL RETORNO NO ES
PARA TODOS
Hablar de retorno no es
romantizar República Dominicana. Volver implica retos reales: informalidad
laboral, burocracia, inseguridad, sistema de salud con huecos. No todo el que
quiere volver puede. El que tiene hijos en high school en Nueva Jersey,
hipoteca y crédito construido en 15 años, no va a desarmar todo por una
nostalgia.
Pero sí hay un perfil que hoy
mira República Dominicana con otros ojos: el que llegó hace 5-8 años, no tiene
raíces profundas allá, trabaja remoto o tiene un oficio que puede ejercer desde
aquí. El que hizo capital inicial afuera y quiere invertirlo donde su dinero
rinda más. Para ese perfil, el retorno es aritmética, no emoción.
RD TIENE QUE
ESTAR LISTA PARA RECIBIR
Si el deseo de retorno se
dispara, la pregunta es si el país está preparado. Y la respuesta es: a medias.
República Dominicana ha
avanzado. Programas como “República
Dominicana Crece Contigo”, ventanillas de retorno en consulados y
exenciones para traer ajuares ayudan. La inversión extranjera directa crece.
Pero falta más: convalidación rápida de títulos, crédito para emprendedores
retornados, vivienda asequible, seguridad ciudadana.
Recibir a la diáspora que
vuelve no es un acto de caridad. Es inversión. Es traer gente con experiencia,
contactos, dólares ahorrados y mentalidad global. Es traer a quienes ya pagaron
el “impuesto de aprender afuera”.
LA MIGRACION
CIRCULAR
El encarecimiento de la vida
en EE.UU. y Europa no va a cerrar las puertas del mundo. Pero sí está
reescribiendo el contrato migratorio. El modelo de “irse para no volver” pierde fuerza. El modelo que gana es el
circular: se va, se aprende, se capitaliza, se vuelve, se invierte.
Los dominicanos siempre han
sido expertos en moverse. Primero dentro de la isla, luego a Nueva York, luego
a España, luego de vuelta a Santiago con dólares en el bolsillo. Esa capacidad
de adaptación es el verdadero activo de la diáspora.
Hoy el deseo de retorno no
nace de la derrota. Nace de la cuenta. Y cuando la cuenta no cuadra allá, el
corazón empieza a hacer números aquí.
Quizás esta sea la generación
que entienda que emigrar no es una línea recta. Es un círculo. Y que volver a
casa, con lo aprendido bajo el brazo, no es retroceder. Es
avanzar con otra moneda: la de la experiencia.
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