Desfile Dominicano de Manhattan: cultura, liderazgo y orgullo
El primer Desfile Dominicano de Manhattan se celebró
el domingo 15 de agosto de 1982 en Washington Heights. Recorrió la avenida
Audubon y reunió a estudiantes del Distrito Escolar 6, músicos, bailarines y
organizaciones comunitarias.
Miguel Amaro impulsó la idea
junto con dirigentes como Normandía Maldonado y Julio César Rodríguez. Aquel
día, las banderas, la música y el entusiasmo mostraron el deseo de la comunidad
de celebrar públicamente sus raíces.
Con los años, el desfile
creció gracias al trabajo de muchas personas. Entre ellas estuvo Nelson Peña,
quien dedicó buena parte de su vida a esta celebración y falleció el 7 de abril
de 2020. Recordarlo es reconocer una etapa importante de la organización del
desfile y el esfuerzo de quienes ayudaron a darle presencia a la comunidad
dominicana en Nueva York.
NUEVA ETAPA DE
CRECIMIENTO Y ORGANIZACIÓN
En 2015, una nueva
organización, Dominican Day Parade, Inc., asumió la celebración bajo la
dirección de Ángela Fernández. Ese año participó el entonces senador estatal
Adriano Espaillat. En 2017, ya elegido al Congreso de Estados Unidos, Espaillat
fue nombrado gran mariscal.
Su trayectoria, junto con la
participación de líderes como Guillermo Linares y Ydanis Rodríguez, refleja el
creciente protagonismo cívico y político de los dominicanos en la ciudad.
CULTURA, ORGULLO
Y RELEVO GENERACIONAL
Hoy, el desfile se celebra
habitualmente en agosto por la Sexta Avenida. Sus carrozas, comparsas, trajes
de carnaval, merengue y bachata atraen a familias de distintas generaciones.
También ofrece una oportunidad
para reconocer a educadores, artistas, comerciantes y profesionales, entre
ellos figuras comunitarias como el doctor Rafael Lantigua, cuyo servicio ha
dejado huella en Nueva York.
Lo que comenzó como una
celebración de barrio en Washington Heights se convirtió en una expresión
visible de la cultura dominicana en Estados Unidos. Cada año, el desfile
recuerda a sus fundadores y a miles de personas anónimas que abrieron caminos
para sus hijos y nietos.
Seguir celebrándolo y
mejorándolo es mantener viva esa historia y compartir con orgullo lo que la comunidad
dominicana aporta a los Estados Unidos.
Por: Emiliano Pérez Espinosa.
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