El voto en el exterior no es un gasto, es una deuda
La politóloga Rosario Espinal ha escrito un artículo
titulado “Voto en el exterior: no gasten
más”. Lo hace con honestidad intelectual, pero con una premisa peligrosa:
que como los dominicanos de fuera se abstienen mucho, dejemos de invertir en su
derecho a votar.
Ese planteamiento no es solo
equivocado. Es antidemocrático. Y es exactamente la lógica del cajero
automático que tanto daño nos ha hecho.
UN DERECHO NO SE
MIDE POR SU TASA DE USO
El argumento central de
Espinal es: el padrón del exterior creció a 10.6% del total, pero la abstención
subió de 51% en 2016 a 81% en 2024. Por tanto, no gastemos más.
Con esa misma lógica,
cerraríamos las elecciones en El Seibo, en Pedernales y en Independencia.
Porque allí también la participación es más baja que en el Distrito Nacional.
Con esa lógica, le quitaríamos el voto a los jóvenes, porque se abstienen más
que los adultos mayores.
Los derechos no son una
inversión financiera que se evalúa por retorno electoral. Son derechos. La
Constitución no dice “todos los dominicanos tienen derecho al voto siempre que
voten mucho”. Dice que tienen derecho al voto. Punto.
Si hay 81% de abstención en el
exterior, la pregunta no es “¿para qué
gastar?”. La pregunta es “¿qué
estamos haciendo mal para que 800 mil dominicanos que se inscribieron con
ilusión no encuentren la urna?”
La abstención no es apatía. Es
distancia. Es un centro de votación a 4 horas en carro. Es tener que tomar dos
trenes en Nueva York, perder un día de trabajo que no te pagan, para votar en
una escuela que te queda lejísima. Es la Junta Central Electoral (JCE) abriendo
20 colegios en toda España para 200 mil dominicanos. Claro que no van a votar.
No es desencanto, es obstáculo.
La solución que propone el
estudio de la JCE, IIDH y CAPEL es correcta: acercar las urnas. Espinal dice
que eso cuesta. Sí, cuesta. Como cuesta llevar la urna a Los Haitises. La
democracia cuesta. Lo que no podemos hacer es abaratarla quitándole el voto a
los que más lejos están.
LA NOSTALGIA NO
ES UN INSULTO, ES UN VINCULO POLITICO
Espinal dice que el vínculo
del migrante es emotivo, mediado por la nostalgia, no por la urgencia de la
supervivencia. Y que por eso son menos propensos a votar.
Con todo respeto, eso es
desconocer qué es ser diáspora.
La dominicana que trabaja 12
horas limpiando una oficina en El Bronx y manda 300 dólares a su madre en Baní
no está actuando por nostalgia. Está actuando por supervivencia familiar. Su
voto sobre quién maneja la economía, la salud y la seguridad en República
Dominicana es un voto sobre si su madre va a poder comprar sus medicinas.
El dominicano que compró un
solar en Villa Mella y lo está pagando mes a mes desde Madrid no vota por
nostalgia. Vota porque quiere saber si ese solar tendrá título, agua y calle.
Su vida está en Madrid, pero su patrimonio está aquí. Eso es más interés
directo que el de muchos que viven aquí y no tienen nada que perder.
Decir que su legitimidad no
afecta la legitimidad del gobierno es un error profundo. El gobierno que salga
electo sin 10.6% del padrón, que representa a la comunidad que sostiene la
estabilidad cambiaria del país, es un gobierno menos legítimo, no más
eficiente.
Espinal escribe: “En ellos
predomina el desencanto sobre todo lo que no funciona en República Dominicana y
la falta de confianza en que los políticos solucionarán los problemas. Por eso
son menos propensos a votar.”
Esa frase debería ser el mejor
argumento PARA fortalecer el voto en el exterior, no para abandonarlo.
Si el dominicano de fuera está
desencantado, es porque es el que ve el contraste más brutal. Es el que sabe lo
que es una emergencia que llega en 5 minutos, una escuela pública que funciona,
un metro que no se inunda. Su desencanto no es ignorancia. Es exigencia. Es el
estándar más alto que tenemos.
Quitarle el voto porque está
desencantado es como quitarle el termómetro al enfermo porque tiene fiebre.
La diáspora no vota poco
porque no le importa la República Dominicana. Vota poco porque siente que a la
República Dominicana no le importa ella. Y artículos como “no gasten más” le
confirman esa sensación.
LO QUE REALMENTE
ES UN GASTO
¿Saben qué sí es un gasto sin retorno? Tener 3 millones de dominicanos afuera que mandan
10,400 millones de dólares al año, que representan el 8% del PIB, que mantienen
la paz social de medio país, y tratarlos como ciudadanos de segunda en las
elecciones.
¿Saben qué sí es un fracaso? Inscribir a casi un millón de personas y luego
ponerles una urna a 300 kilómetros.
No, profesora Espinal. La
solución no es no gastar más. La solución es gastar mejor.
Gastar en voto electrónico, en
voto postal auditado, en voto por internet como ya hace Estonia. Gastar en
centros de votación en iglesias, en bodegas, en centros comunitarios, donde
está la gente, no donde le queda cómodo a la burocracia. Gastar en una JCE en
el exterior que no cierre a las 4 de la tarde cuando la gente sale de trabajar
a las 6.
Un país de 11 millones que
pesa como uno de 50 millones no puede darse el lujo de decirle a 10% de su
padrón que su voto es muy caro.
La democracia dominicana no es
cara por el voto en el exterior. Es barata gracias al sacrificio de los que
están en el exterior.
No dejemos de gastar en ellos.
Empecemos, por fin, a invertir en ellos.
Por: Ivan Canals.
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